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Dermatomicosis


Enfermedades producidas por hongos en la piel.
Los hongos son microorganismos y organismos ampliamente difundidos en la naturaleza, con características particulares que los diferencian de las bacterias y los virus. Solo un pequeño número de ellos, nos pueden ocasionar enfermedades y las llamamos enfermedades micóticas o dermatomicosis.

Las enfermedades micóticas absorben una parte creciente del tiempo de los médicos. Oímos y leemos del inexorable progreso de los hongos, y de la creciente amenaza que suponen para el ser humano; debido a condiciones sanitarias deficientes y al aumento de enfermedades del sistema autoinmune.

Si bien no es probable que esta generalización pueda aplicarse a todas las enfermedades micóticas, no obstante va siendo hora de que aprendamos a evaluar con precisión los riesgos que estos patógenos realmente suponen. Cualquier referencia hecha hoy día a la creciente importancia de las infecciones mitóticas, se refiere principalmente a las micosis; es decir, las enfermedades causadas por hongos parásitos.

El conocimiento de las micosis no es menos importante para los médicos que el conocimiento de las enfermedades causadas por las bacterias o virus. A primera vista, esta rama de la microbiología sin duda parecerá extraordinariamente compleja. La micología es sin duda alguna la rama más antigua de la microbio­logía. Tan temprano como en 1836, y antes del descubrimiento de las bacterias, Remak observó una red de filamentos en las costras pro­ducidas por favus, aunque en aquellos momentos probablemente no reconociera los micelios como la causa de la enfermedad. El término dermatomicosis fue de hecho introducido por: Virchow, si bien la importancia de la micología no se comprendió plenamente hasta que recibió el ímpetu crucial del trabajo de Sabouraud.

La micología como ciencia tiene ahora casi 150 años, y aunque se han solucionado muchos problemas; especialmente en estos últimos años, están surgiendo otros continuamente, muchos de los cuales todavía no se han remediado satisfactoriamente pese a los más grandes esfuerzos. Muchos de los problemas a los que tenemos que hacer frente en la actualidad, son de hecho resultado de la medicina moderna.

Los cálculos del número de especies de hongos que existen oscilan entre 100.000 y 500.000. Alrededor de 100 de ellas son pató­genas para el ser humano. No obstante, incluso la identificación de estas cien no es esencial en este contexto. Los hongos son talofitos, aclorofilicos y heterotróficos. No son capaces de fotosíntesis y obtie­nen sus requisitos energéticos descomponiendo y alterando com­puestos orgánicos. Los hongos son ubicuos en la tierra y en plantas vivas o muertas. Los tipos que son patógenos para los animales y el ser humano no difieren fundamentalmente de los que viven en el suelo. No obstante, los hongos están mejor adaptados para vivir a expensas de las plantas que de los animales.

Los hongos suelen clasificarse como pertenecientes al Reino Vege­tal. Sin embargo, existe amplia justificación, sobre la base de la estructura de sus paredes celulares y su manera de nutrirse, para asignarles un reino aparte, el reino de los hongos. Los hongos no pueden sintetizar los hidratos de carbono a partir de dióxido de car­bono y agua, con ayuda de la luz. Dependen de los hidratos de car­bono orgánicamente enlazados, como su fuente de energía o de nutrición.

Los hongos, son conocidos también por el nombre de saprofitos, viven de la materia orgánica en descomposición. Estos microorganismos no dañan a ningún macroorganismo. Otros hongos son parásitos, es decir, viven a expensas de un organismo huésped, pudiendo dañarle o dejarle incólume.

Los hongos que causan micosis reciben de sus huéspedes las condi­ciones y nutrientes esenciales para su crecimiento y reproducción. La relación entre ellos y sus huéspedes se caracteriza por las activi­dades de los primeros que les ayudan a colonizar y dañar a los segundos, y por los esfuerzos de estos últimos por impedirlo. El desarrollo de una "micosis" es solamente fruto de un desequilibrio de la relación entre el hombre o el animal y los hongos.

Los hongos pueden colonizar cualquier parte del cuerpo en donde encuentren el sustrato necesario que les permita vivir, de ahí que se puedan localizar en el cabello, uñas, mucosas y la piel. De acuerdo al sitio en donde se encuentre la micosis o tiña, recibe su nombre; así por ejemplo: una micosis situada en el cuero cabelludo, sería una tiña capitis, una micosis en la planta de los pies sería una tiña pedis, en las uñas onicomicosis y en la piel en general sería una dermatomicosis.

 

 

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